
En un país de un planeta de cuyo nombre nadie quiere acordarse, una potencia dictadora mantenía a millones de prisioneros en campos donde poco a poco eran deshumanizados, torturados y finalmente asesinados. El día a día de estos prisioneros era un infierno atroz y su única esperanza era soñar con una liberación si interviniera algún país solidario.
Un día, de repente, escucharon en el cielo un estruendoso sonido y con alegría observaron cómo cientos de aviones extranjeros sobrevolaban el territorio de sus torturadores. Los carceleros entraron en pánico. Los prisioneros bailaron de júbilo, pensando que comenzaba la invasión que podría liberarlos y dar a los malvados su castigo.
Pero los aviones pasaron de largo, limitándose a lanzar una gran lluvia de octavillas que los prisioneros corrieron a mirar. Los carceleros se carcajearon enseguida. Cuando los torturados leyeron el mensaje escrito en ellas, la indignación y una rabia infinita les llevó a gritar al unísono: "Cobardes hijos de …"
El mensaje de las octavillas se reducía al siguiente lema: NO A LA GUERRA.
Por desgracia, hay muchas autoridades expertas en mirar hacia otro lado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Puede realizar comentarios o sugerencias siempre que el tono sea respetuoso. Se ha activado la moderación de los comentarios y por tanto estos tardarán un poco en ser publicados.
Si desea que sus palabras no se publiquen, hágalo constar.
No se insertarán los comentarios publicitarios ni los que falten a la buena educación.
Gracias.